Labor médica de Ernesto Guevara en leprosorios de América Latina

Artículo de revisión histórica

 

Labor médica de Ernesto Guevara en leprosorios de América Latina

Ernesto Guevara's medical work in leprosarium in Latin America

 

Lázaro Roque Pérez1* https://orcid.org/0000-0002-5944-6694
Ileana García López1 https://orcid.org/0000-0003-3300-1803

 

1Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara. Facultad de Ciencias Médicas de Sagua la Grande. Villa Clara, Cuba.

*Autor para la correpondencia. Correo electrónico: roquelazaro@nauta.cu

 

 


RESUMEN

Dentro de la poca divulgada labor médica de Ernesto Guevara, lo más conocido es su trabajo dentro de la Alergología; pero muy poco se sabe sobre su vínculo con la dermatología, por una enfermedad que castigaba duramente a Sudamérica: la lepra. Este trabajo explica la labor médica de Ernesto Guevara (Che) en diferentes leprosorios durante su primer viaje por América Latina. Durante este viaje, cuando era aún estudiante de medicina, impartió conferencias y ayudó a difundir las verdades sobre la lepra, para que los enfermos fueran aceptados por la sociedad y adecuadamente atendidos por los médicos. Observó críticamente el ambiente de los leprosorios que visitó e hizo recomendaciones para mejorarlos, lo cual favorecería la rehabilitación de los pacientes, a quienes incluso atendió y no solamente les curó el cuerpo, sino también el alma con su humanismo sin prejuicios.

Palabras clave: Ernesto Guevara; Che; lepra; humanismo.


ABSTRACT

Within Ernesto Guevara's little disclosed medical work, the best known is his work about Allergology; but very little is known about his link with dermatology, due to a disease that harshly punished South America: leprosy. This work explains the medical work of Ernesto Guevara (Che) in different leprosarium during his first trip through Latin America. During this trip, when he was still a medical student, he gave lectures and helped spread the truths about leprosy, so that the sick people were accepted by society and adequately cared for by doctors. He critically observed the environment of the leprosarium he visited and made recommendations to improve them, which would favor the rehabilitation of the patients, whom he even treated and not only healed the body, but also the soul with its humanism without prejudice.

Keywords: Ernesto Guevara; Che; leprosy; humanism.


 

 

Recibido: 25/01/2020
Aprobado: 28/05/2020

 

 

INTRODUCCIÓN

Nacido en la ciudad de Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928,(1) Ernesto Guevara, conocido internacionalmente como el Che, fue un brillante hombre que desarrolló una gigantesca labor en muchos frentes. En su obra, hay un aspecto innegable, insuficientemente estudiado y menos aún sistematizado: su labor como médico. Si bien no ejerció esta profesión de forma constante y existe escasa información respecto al tema, ello no significa que sea menos importante, al contrario, sus ideas sobre el médico revolucionario y su pensamiento médico-social aún están vigentes en la medicina cubana.

Dentro de la poca divulgada labor médica, lo más conocido es su trabajo dentro de la Alergología, sin embargo fue precisamente a lo que más empeño le dedicó dentro de la medicina; al ser asmático, tenía un interés muy especial por conocer el por qué y cómo debía curarse esa enfermedad.(1)

Desde su etapa de estudiante laboró en el Instituto de Investigaciones Alérgicas del destacado especialista en asma y alergia Salvador Pissani.(2) Ya graduado, trabaja en el Centro de Investigaciones Alérgicas del Instituto de Cardiología junto al doctor Mario Salazar Mallén, quien fue fundador la Revista Iberoamericana de Alergología, en 1953. En esta revista Ernesto publicó dos artículos como autor principal, el primero: "Transmisión pasiva de sensibilización para antígenos de Taenia saginata" (1953), y posteriormente: "Pruebas cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos" (1955).(1)

Esto hace pensar que la Alergología fue la única especialidad médica a la que el Che le prestó atención, pero no fue así. La dermatología también le interesó notablemente, específicamente por una enfermedad que castigaba con dureza a las clases bajas de toda Sudamérica: la lepra.(3)

Desde su viaje por las provincias del norte de Argentina, en 1950, le nace a Guevara su preocupación por la lepra; pues llega a San Francisco del Chañar, cerca de Córdoba, donde su amigo Alberto Granado maneja el dispensario del centro de leprosos y allí tiene largas conversaciones con los pacientes, sobre la enfermedad. Durante sus vacaciones de 1951, trabaja como enfermero en barcos mercantes y petroleros de la Compañía Nacional Argentina de Comercio Marítimo, y en ese puesto tiene la posibilidad de viajar desde el Sur de Argentina hasta Brasil, Venezuela y Trinidad, viendo las penas que sufrían los enfermos de lepra, ante lo cual se sensibiliza profundamente.(3,4)

Este interés por la lepra se tornó en entrega hacia los leprosos, consolidada, siendo aún estudiante de medicina, durante su primer viaje por América Latina con Alberto Granado, su amigo bioquímico que se había especializado en leprología.(5) Si es poco conocida la labor como médico del Che, aún menos es todo aquello que realizó por los leprosos durante este viaje, a pesar de que fue uno de los más nobles y humanos gestos hechos durante su vida.

Como en algunas ocasiones se hacen repetitivas las facetas que se estudian con respecto al Guerrillero Heroico, casi siempre encausadas a su actuar revolucionario de forma general; el presente artículo pretende explicar la labor médica de Ernesto Guevara en diferentes leprosorios durante su primer viaje por América Latina, un aspecto de su vida como galeno muy interesante, lleno de sensibilidad y humanismo, que incluso llegó a cambiar el curso de su formación como médico.

 

 

DESARROLLO

La lepra (enfermedad de Hansen) es una enfermedad transmisible, poco contagiosa, de largo período de incubación y de evolución crónica, producida por el Mycobacterium leprae.(6) Tan antigua como el mismo hombre, aparece mencionada en los primeros escritos de civilizaciones antiguas: en el año 2000 a.n.e. en los libros de los Vedas y en el año 300 años a.n.e., en el Susrutha Samhita con el nombre de Kustha. En Egipto se le denominaba ucheda, y se ha comprobado en algunas momias, incluso se describe en el papiro de Ebers. También en el pueblo judío se cita en el Antiguo Testamento, denominada zarahat.(7)

Causó verdaderos estragos a poblaciones enteras, y se extendió a todos los continentes. Ha sido considerada una enfermedad mutilante, incurable, repulsiva y estigmatizante, por las secuelas que deja si no se trata precozmente y de manera correcta.(7)

Siempre fue identificada como un "castigo de Dios", "un castigo divino", "una maldición"; los enfermos, llamados "hijos del Dios del mal", fueron sometidos a vejaciones, privaciones de derechos, discriminaciones, persecuciones y acciones represivas.(7)

En América, la lepra fue introducida fundamentalmente por la trata de esclavos africanos, procedentes de Guinea, Senegal, Nigeria y el Congo, donde existían grandes focos leprógenos. A partir de 1510 se introduce la infección en la costa Atlántica, y a partir de 1840 en la costa del Pacífico, llevada por los siervos chinos.(8)

Según Lombardi,(9) hacia la década de 1950 América Latina poseía una situación bastante desfavorable respecto a la enfermedad, pues las tasas de prevalencia eran sumamente altas en algunas regiones. Los cinco países con la situación más crítica eran: Guyana, Venezuela, Paraguay, Trinidad y Tobago y Brasil, con tasas de prevalencia entre 100 y 300 por cada 100 000 habitantes, algo realmente alarmante si se habla de una entidad muy poco contagiosa, que de cada cien personas que se exponen al contagio, solo cinco se llegan a enfermar. Otros países de la región con altas tasas de prevalencia (entre 40 y 80 por cada 100 000 habitantes) eran Colombia, Argentina, México y Cuba. Se puede plantear, por tanto, que en el continente la lepra atacaba y desfiguraba a miles de personas, arruinando sus vidas, y destinándolas al aislamiento social.

Esta fue la realidad a la que el Che se lanzó junto a su amigo Alberto Granado al iniciar, el 29 de diciembre de 1951, un viaje rumbo a Norteamérica a bordo de una vieja motocicleta Norton 500 de 1939, a la que bautizaron con el nombre de la "Poderosa II", viaje que se convirtió en una aventura de 9 meses por Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Colombia y Venezuela.(10)

Como dijese Guevara:(5) "cansado de la facultad de medicina, de tantos exámenes y hospitales", con este viaje los amigos pretendían descansar de sus obligaciones y buscar nuevas aventuras. Por su parte, Granado, había tenido que abandonar su puesto en el leprosorio de San Francisco de Chañar y su otro trabajo en el hospital español, de lo cual se lamentaba profundamente, por eso deseaba comenzar de nuevo.

Este era el escenario perfecto para saciar ese interés del Che por la lepra: la compañía de su amigo, que de profesión tenía un amplio conocimiento y experiencia sobre la enfermedad, y el territorio de América Latina, donde para entonces, como se ha visto, la enfermedad de Hansen era un serio problema de salud.

El viaje de los argentinos por el horizonte americano consistió primeramente en un recorrido de varias semanas por su patria, para luego dirigirse hacia Chile. Cruzando la frontera por el lago Esmeralda, sin llegar a leprosorio alguno, comienzan a hacer por los leprosos, pues encontraron a varios médicos y aprovecharon la oportunidad para hablarles sobre la lepra.(5) Sobre esto Guevara escribió:

"Habíamos encontrado a varios médicos de gira en aquel punto y consecuentemente les dimos conferencias sobre leprología, bien condimentada, lo que provocó la admiración de los colegas trasandinos que no cuentan con esta enfermedad entre sus problemas, de modo que no sabían una papa de lepra y de leprosos y confesaron honestamente no haber visto ninguno en su vida."(5)

El Che y Granado sabían que esas conferencias tenían un altísimo valor, debido a la importancia de desmentir los grandes mitos de antaño sobre la lepra; lo cual permitiría que se dejaran de aislar a los leprosos y que desapareciera la idea de que esta enfermedad es como una muerte en vida.

Esta acción demuestra, además, cuán necesario vieron educar adecuadamente a los profesionales de la salud sobre el tema, ya que esto garantiza que se establezca un ambiente de confianza y de respeto a la inviolable dignidad humana del paciente, algo que demanda aún más el enfermo de lepra, pues su condición lo hace una persona cohibida, de una sensibilidad enorme y muy vulnerable al maltrato. Esta exitosa relación médico paciente que se debe lograr le permite al médico conocer los antecedentes del enfermo, sus intereses, sus demandas, así como su estado de ánimo; y finalmente permite llegar a un exitoso proceso de tratamiento y rehabilitación, con menores efectos negativos desde el punto de vista psicológico.

Tras cruzar la frontera, los amigos se dirigieron a la ciudad de Temuco, donde las conferencias impartidas le valieron para aparecer en las noticias del diario local:

"El diario mostraba toda su plenitud de papel, tan en contraste con nuestros pobres y raquíticos matutinos, pero a mí no me interesaba sino una noticia local que encontré con letras bastante grandes en la segunda sección: DOS EXPERTOS ARGENTINOS EN LEPROLOGÍA RECORREN SUDAMÉRICA EN MOTOCICLETA".(5)

Luego de Chile, el próximo destino fue Perú.(5) Cuando el Che transita por este país sudamericano, según un informe del Ministerio de Salud (30 de agosto de 1952) existían 745 enfermos de lepra debidamente controlados de los cuales 178 estaban a cargo de siete dispensarios y 567 internados en tres locales asistenciales que eran San Pablo (Loreto), Huambo (Apurímac) y Guía (Lima).(11) Si bien esto demuestra que la prevalencia de lepra en el país no era tan alarmante, fue ahí donde Guevara brindó mayormente su asistencia médica a los leprosos, favorecido precisamente por la organización de los leprosorios y por una carta de recomendación que le habían dado para el doctor Hermosa, eminente exleprólogo peruano.

Una vez en Perú, los argentinos decidieron ir hacia el leprosorio de Huambo. Allí los recibió calurosamente el jefe de sanitarios, el señor Montejo, y se alojaron en casa de un hacendado de la región. La estancia en Huambo, aunque muy corta (2 días),(5) le valió a Guevara para observar detenidamente la situación de los leprosos en este lugar:

"A la mañana siguiente fuimos a dar una visita a los enfermos del hospitalito. La gente que está a cargo de él cumple una labor callada y benéfica; el estado general es desastroso, en un pequeño reducto de menos de media manzana del cual dos tercios corresponden a la parte enferma, transcurre la vida de estos condenados que en número de 31 ven pasar su vida, viendo llegar la muerte (por lo menos eso pienso) con indiferencia. Las condiciones sanitarias son terribles, y esto, que a los indios de la montaña no les produce ningún efecto, a personas venidas de otro medio, aunque sea levemente más culto, las desazona enormemente y de pensar que tendrán que pasar toda su vida entre esas cuatro paredes de adobe, rodeados de gente que habla otro idioma y cuatro sanitarios a quienes ven un rato en todo el día, se produce un colapso psíquico."(5)

"Entramos en una pieza con techo de paja brava, cielo raso de caña y piso de tierra, donde una chica de piel blanca lee "El primo Basilio" de Queirós. Apenas comenzamos a conversar y la chica se pone a llorar desconsoladamente calificando a la situación de calvario (…) Creo que el calificativo de "calvario", en la situación de la muchacha, era muy justo: lo único que es aceptable en el establecimiento es el tratamiento medicamentoso, el resto solo lo puede aguantar el espíritu sufrido y fatalista del indio de la montaña peruana. La imbecilidad de los vecinos del lugar agrava el aislamiento de enfermos y sanitarios."(5)

La realidad que percibió el Che sobre la situación del leprosorio de Huambo era inhumana: no poseía condiciones sanitarias adecuadas, tampoco constructivas y el espacio era insuficiente. Además, la mayoría de los pacientes eran aborígenes de diferentes etnias, por lo que en este local existía una mezcla de diferentes culturas e idiomas, que creaba conflictos de comunicación y convivencia.

Guevara, aunque aún era estudiante de medicina, ya tenía conocimiento del papel determinante de las condiciones socioeconómicas en el proceso salud-enfermedad. Esto lo pudo evidenciar claramente en Huambo, donde el ambiente que allí había, bien calificado como calvario, maceraba la psiquis de los leprosos, llevándolos a una profunda depresión que empeoraba su enfermedad de base. Es por este motivo que llega a hacer algunos señalamientos sobre necesidades que tenía la instalación, esenciales para lograr un mejor proceso de recuperación de los pacientes.

Guevara sabía de las penas que los leprosos sufrían, pero fue en este leprosorio donde las pudo evidenciar por vez primera durante el viaje. Vio cómo no solamente las condiciones ambientales del lugar afectaban psicológicamente a los enfermos, sino también la ignorancia de los vecinos sanos de la zona con sus despóticos prejuicios, a lo que se sumaba la condición de indios que muchos enfermos tenían, otro motivo para el aislamiento social. Respecto a esto el Che conoció la siguiente anécdota en Huambo:

"Nos contaba uno de ellos que el médico jefe, cirujano, debía realizar una operación más o menos importante, imposible de efectuar sobre una mesa de cocina y careciendo absolutamente de todo recurso quirúrgico; pidió entonces un lugar aunque fuera en la morgue del vecino hospital de Andahuaylas, la respuesta fue negativa y la enferma murió sin tratamiento."(5)

Era tal la barrera social que se les ponía a los leprosos, que se les consideraba personas sin derecho a nada; era tal el miedo ilógico y el desconocimiento sobre la enfermedad que existía, que se les discriminaba profundamente. El Che pudo ver en Huambo la estigmatización a la que eran sometidos los dolientes de la enfermedad de Hansen, que llevaba a muchas personas, incluso médicos, a cometer conductas asesinas, ¿cómo negarle el espacio en un hospital a un enfermo, cuando de eso depende su vida? Este es un vivo ejemplo de la necesidad que vio Ernesto en dar las conferencias a los médicos mientras cruzaban la frontera Argentina-Chile.

Según Guevara,(5) de Huambo tuvo que salir junto a Granado apenas dos días después de llegados, pues entró en una crisis de asma seria que necesitaba un tratamiento más a fondo que el que podía obtener allí. Finalmente llegaron al pueblo de Andahuaylas donde fue al hospital a reponerse por dos días, para luego salir rumbo a Lima.

En la capital peruana los amigos conocen a un hombre extraordinario con el que Che laboró cierto tiempo y que marcó su formación humanista, científica y política: el doctor Hugo Pesce, profesor de Medicina Tropical de la Universidad de San Marcos de Lima, médico militante del Partido Comunista y uno de los más importantes investigadores sobre la lepra en Latinoamérica en aquellos tiempos, fundador del Centro para Leprosos en Huambo.(12) Este los recibe, al decir de Guevara(5): "con una amabilidad realmente extraña en un capo de la lepra".

Y es que el doctor era un brillante hombre de ideas progresistas, un humanismo sorprendente, una solidaridad sin estigmas y un conocimiento médico formidable. Le consigue a los viajeros alojamiento en el leprosorio Hospital Portada de Guía, donde el Che enseguida comienza a prestar sus servicios en ayuda a los enfermos.(5)

Nancio Gordon, exenfermo de lepra del leprosorio de Guía conoció al Che durante su paso por este centro. Cuenta que llegó al lazareto con su amigo Alberto Granado e inmediatamente se pusieron a atender a los pacientes con el mal de la lepra. Se ganó la simpatía de los leprosos, porque los trataba muy amablemente: los abrazaba, se sentaba con ellos a la hora de las comidas diarias, tomaban café juntos, era muy humilde, no tenía problema en reunirse con los leprosos.(13)

De su conocimiento científico sobre la lepra, sus experiencias previas en Argentina, el paso por Huambo y de la reciente influencia del eminente doctor Pesce, el Che supo descubrir y poner en práctica una forma muy eficaz de tratar a estos pacientes: el humanismo desmedido. Vio la necesidad de romper ese muro, a veces muy sólido, entre el médico y el leproso, y fue capaz de hacerlo, pues de no lograrlo pudiera aislarlo para siempre del paciente. Ernesto trabaja en el leprosorio y aprende de la vasta experiencia de este doctor durante su estancia en Lima por más de 15 días. Esto comenzó a cambiar su visión del médico que quería ser, así como su actitud hacia los pacientes. Observó la actitud tan sensible de un eminente médico con enfermos de un terrible problema de salud; por lo que comenzó a darse cuenta que el fin de un médico es serle útil a la sociedad, es brindarle la mano con sus servicios desinteresados a aquellos que más lo necesitan, sin importar su situación.

Luego se marchan los amigos rumbo al leprosorio de San Pablo en la Amazonia, donde existía la mayor colonia de leprosos de Latinoamérica, con una carta de recomendación del propio Pesce, para que el doctor Bresciani los alojara allí.(5) Antes de irse reciben la mayor recompensa que un médico puede recibir de sus pacientes: la gratitud sincera,(5) lo cual demuestra que toda su labor fue bien acogida por los leprosos:

"Una de las cosas que más nos impresionó fue la despedida de los enfermos. Juntaron entre todos 100,50 soles que nos entregaron con una cartita grandilocuente. Después algunos vinieron a despedirse personalmente y en más de uno se juntaron lágrimas cuando nos agradecían ese poco de vida que les habíamos dado, estrechándoles la mano, aceptando sus regalitos y sentándonos entre ellos a escuchar un partido de fútbol."(5)

A la vez que el trato humanizado y afectuoso hacía sentir bien a los enfermos, sus muestras de agradecimiento gratificaban al Che, pues podía ver el impacto tan beneficioso de su ayuda; y lo expresa al decir:

"Si hay algo que nos haga dedicarnos en serio, alguna vez, a la lepra, ha de ser ese cariño que nos demuestran los enfermos en todos lados".(5)

Según Guevara(5) al leprosorio de San Pablo llegó con Granado el 6 de junio de 1952 y allí permaneció hasta el día 20 de junio. A la llegada el doctor Bresciani los atendió muy amablemente y les facilitó un cuarto para quedarse esos días. Al igual que en el leprosorio del Guía, inmediatamente comenzó a ayudar a los enfermos del lugar y a los sanitarios. Lo primero que hizo fue recorrer el centro:

"Por la mañana fuimos al asilo e iniciamos la recorrida. Hay 600 enfermos que viven en sus típicas casitas de la selva, independientes, haciendo lo que se les da la gana y ejerciendo sus profesiones libremente, en una organización que ha tomado sola su ritmo y características propias. Hay un delegado, juez, policía, etc. El respeto que le tienen al doctor Bresciani es notable y se ve que es el coordinador de la colonia, parapeto y traite d'unión entre los grupos que peleen entre sí."(5)

"Nuevamente el día martes visitamos la colonia; acompañamos al doctor Bresciani en sus exámenes de sistema nervioso a los enfermos. Está preparando un detenido estudio de las formas nerviosas de la lepra basado en 400 casos. Realmente puede ser un trabajo muy interesante por la abundancia del ataque al sistema nervioso en las formas de lepra de esta zona. Hasta el punto de que no he visto un solo enfermo carente de alteraciones de este tipo."(5)

"Visitamos la parte sana del asilo que tiene una población de unas 70 personas. Se carece de comodidades fundamentales que recién serán instaladas en el correr de este año, como luz eléctrica todo el día, refrigerador, en fin, un laboratorio; haría falta un buen microscopio, micrótomo, un laboratorista, ya que ese puesto está ocupado por la madre Margarita, muy simpática pero no muy versada y se necesitaría un cirujano que liberara nervios, clausurara ojos, etc..."(5)

El Che observó la situación de este leprosorio, que por la gran cantidad de pacientes que atiende llega a tener la organización de un "pueblo de leprosos", donde los enfermos se resguardan de la crueldad que la historia les ha preparado, al no tener contacto alguno con el resto de la sociedad pues se encuentran al otro lado del río Amazonas. Estas colonias eran de gran importancia en aquellos momentos pues además de resguardar a los enfermos, permite ofrecerles un tratamiento continuo y supervisado, así como atención a las complicaciones derivadas de la enfermedad.

Guevara llega a quedar sorprendido por la gran cantidad de pacientes que existen en el lugar, la mayoría con manifestaciones clínicas típicas de la enfermedad, sobre todo de la afectación nerviosa, experiencia que enriquece sus conocimientos sobre la lepra.

En el leprosorio de San Pablo, el Che desarrolla una amplia labor médica: reparte y administra los medicamentos a los enfermos, brinda cuidados paliativos a los leprosos más graves, hace baciloscopías, colabora en investigaciones sobre la enfermedad e incluso realiza cirugías de liberación de nervios en la neuritis leprosa,(5) esto último lo afirma un paciente suyo, cuya cirugía le dio el apodo del "Che" Silva.(14)

Pero el joven argentino, que celebra su cumpleaños número 24 en el leprosorio, no solo restringe la labor médica que realiza a elevar la salud física de los enfermos, sino también a elevar su salud emocional. Ya había visto cuánto necesitan de esto los leprosos para su rehabilitación integral como personas tan sensibles que son; por tal motivo, conversa con ellos con su desprejuiciada, hermanadora y fuerte humanidad, organiza excursiones de recreo, les cuenta sus historias del viaje, visita sus casas, cocina y juega al fútbol con ellos; sobre esto hay varios pasajes, uno de ellos:

"Por la tarde jugamos un partido de fútbol en el que ocupé mi habitual plaza de arquero con mejor resultado que las veces anteriores".(5)

Estas acciones, para muchos consideradas como simples, tienen un profundo impacto sobre los leprosos, pues el hecho de que una persona sana comparta con ellos actividades de contacto tan estrecho les permite olvidar todo el rechazo que alguna vez hayan podido sufrir. El Che se presentaba amistoso, jovial, como uno más de la colonia, sin miedo alguno de contagiarse, y eso hacía sentir a los leprosos libres de todo sentimiento de culpa, les hacía recuperar ese amor propio y toda la alegría que la enfermedad les había llevado.

Los leprosos les demuestran a los visitantes cuán agradecidos estaban de ese poco de vida que le habían llevado, en la noche previa a la despedida de San Pablo:

"Por la noche, una comisión de enfermos de la colonia vino a darnos una serenata homenaje, en la que abundó la música autóctona cantada por un ciego; la orquesta la integraban un flautista, un guitarrero y un bandoneonista que no tenía casi dedos, del lado sano lo ayudaban con un saxofón, una guitarra y un chillador. Después vino la parte discursiva en donde cuatro enfermos por turno elaboraron como pudieron sus discursos, a los tropezones; uno de ellos desesperado porque no podía seguir adelante acabó con un: "Tres hurras por los doctores"."(5)

Este pasaje es una imagen clara de la profunda sensibilidad de los enfermos de lepra, que no son seres hoscos o agresivos, de lo receptivos que son ante cualquier muestra de cariño y de buen trato, del enorme agradecimiento que sentían por el Che y Granado. Se muestra la desgracia física de los leprosos, mutilados por la enfermedad, pero que no necesariamente debe significar sufrimiento, siempre y cuando se les trate como a iguales y no se les aparte o se les castigue por padecer una enfermedad de la que no tienen culpa.

Tal fue la gratitud de los enfermos hacia los viajeros que incluso le construyeron una balsa para que continuaran su andar por Latinoamérica, en esta ocasión, atravesando el río Amazonas; la balsa tuvo por nombre "Mambo - Tango".(12)

El viaje continúa, y luego de pasar por Colombia, finalmente llegan a Venezuela.(12) La distancia que han recorrido ya no puede ser medida en kilómetros, el viaje hacia el corazón desgarrado del continente ha despertado, en ambos, sentimientos muy profundos.

Venezuela es su último destino. En Caracas, Granado obtiene un empleo en un leprosorio por recomendación del doctor. Pesce. Es la despedida entre los dos. Posteriormente el Che regresa a la Argentina para concluir con los estudios de medicina.(3,5)

Al llegar a Buenos Aires, en septiembre de 1952, se matriculó por la enseñanza libre en las catorce materias de los dos años que aún le faltaban, para terminar y aprobar exitosamente. La entrega del título de médico fue el 1 de junio de 1953 y lo recogió el día 12 del mismo mes.(1,4)

Al graduarse, ya había olvidado su sueño de estudiante de ser un investigador famoso y hacer descubrimientos por triunfo personal,(1) pues como expresó tras llegar a Argentina, luego del viaje:

"Ese vagar sin rumbo por nuestra "Mayúscula América" me ha cambiado más de lo que creí".(5)

Fue precisamente su labor médica en los leprosorios por donde pasó, uno de los factores fundamentales de su cambio de visión en cuanto al objetivo de su labor como galeno, que ya en aquel momento era ayudar a las personas de América que sufrían de miseria, hambre y enfermedades incapaces de curar por falta de medios.

Al iniciar el libro "Diarios de motocicleta", en el que el Che narra esta aventura de 9 meses, comenta: "No es este el relato de hazañas impresionantes (…)";(5) pero ¿realmente no lo es? Los autores consideran que, sin dudas, constituye una noble hazaña el hecho de que Ernesto Guevara, aún siendo estudiante de medicina, viajara por Latinoamérica ayudando a los leprosos, personas estigmatizadas por la historia y la religión, y por tanto rechazadas por la sociedad. Fue capaz de extenderles su mano como médico y amigo, llevándoles un poco de vida y curando las heridas del alma.

Esta es una sensible historia que debe ser divulgada entre los estudiantes de medicina, para que contribuya a elevar su formación integral como médicos revolucionarios.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Conflictos de intereses

Los autores plantean que no existen conflictos de intereses.

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